Ocho tesis sobre las drogas
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Iñaki Gil de San Vicente publicado en GARA el 7 de agosto de 2001.
drogas y drogodependencias: Iñaki Gil de San
Vicente
Ocho tesis sobre
las drogas
Primera: El uso de productos psicoactivos en adelante, «drogas» es común en especies animales incluida la humana. Desde tiempos inmemoriales, nuestra especie ha recurrido a su ingesta por múltiples motivos, y han sido las condiciones de producción, reproducción y poder existentes, con su control social respectivo, las que han marcado los límites oficiales de su uso. Recordemos, por ejemplo, la condena bíblica del consumo excesivo de vino. En las especies animales, esta larga práctica nos lleva a reflexiones sobre el gusto, placer y bienestar que se obtienen con su ingesta y que no podemos analizar aquí. En nuestra especie, estas y otras reflexiones son inseparables de la naturaleza social y gregaria que nos caracteriza, pero también de nuestra especificidad animal que no es otra que la tendencia a reducir el malestar, dolor, infelicidad, trabajo penoso e impuesto... mediante la mejora de la productividad del trabajo, disminución de esfuerzo improductivo, mejora de las con- diciones sociales, aumento del tiempo libre...
Segunda: A partir de un determinado contexto histórico, la tendencia descrita es inseparable de los antagonismos entre la opresión y la emancipación, como también lo es su uso, conocimiento progresivo e invención de drogas nuevas. Así, en síntesis, las definiciones sucesivas de conciencia, salud, placer, justicia, libertad... además de ir unidas dialécticamente a las de alienación, enfermedad, dolor, injusticia y opresión, también enmarcan las sucesivas costumbres, legitimaciones y prohibiciones del uso de drogas. Dentro de este proceso, el poder patriarcal con sus libertades masculinas, y la dominación etno-nacional con sus libertades de pueblo ocupante, explican los diversos usos de drogas según posiciones, objetivos y finalidades. Otro tanto hay que decir del uso exclusivo, legal o ilegal dentro de una sociedad dividida en tareas sociales chamanes, brujos y sacerdotes, o en castas diferenciadas y sobre todo en clases sociales opuestas.
Tercera: En la actual sociedad capitalista, podemos apreciar a grandes rasgos cuatro sistemas generales de drogodependencia, con sus correspondientes efectos de alienación y sujeción psicosomática. Uno, el específicamente humano sistema religioso de drogadicción. Dos, el sistema legal del orden médico establecido con su drogadicción masiva destinada a reciclar con un mínimo costo el ciclo de agotamiento de la fuerza de trabajo social, desde el doméstico hasta el asalariado, pasando por el sumergido y negro; sin olvidar el control autoritario del creciente malestar psicológico, sexual y afectivo de la población. Tres, el sistema de venta legal de drogas normalizadas para la recomposición cotidiana de la fuerza de trabajo, de la autoestima burguesa, del machismo y sexismo, del racismo y xenofobia, del simple escape a la miseria diaria, de sedante, tranquilizantes, euforizantes y excitantes múltiples, y un largo etcétera. Y cuatro, el sistema ilegal de drogadicción, el más famoso publicitariamente, con efectos frecuentemente terribles sobre la salud colectiva e individual, pero tan necesario como los anteriores para el orden burgués.
Cuarta: Los cuatro sistemas, además de interrelacionados, están determinados por la ley general de la acumulación capitalista; también, por las conexiones de la economía legal con la ilegal, desde la economía sumergida, el tráfico ilegal de armas y tecnologías, esclavos humanos, animales, productos exóticos y estratégicos... y toda clase de drogas; además, por las relaciones de fuerza entre la minoría opresora y la mayoría oprimida, y por último, por las contradicciones secundarias entre las potencias imperialistas. Esta dialéctica de factores explica a grandes rasgos los vaivenes en las políticas de cualquier tipo sobre las drogas ilegales y por qué los poderes opresores utilizan las drogas legales e ilegales como armas de guerra biológica contra sus enemigos internos y externos. La especula- ción, la primacía de lo financiero y la actual crisis mundial del capitalismo impulsan el aumento de la parte ilegal de su economía con efectos devastadores sobre la misma estructura legal del sistema, generalizando la corrupción y el crimen a gran escala.
Quinta: La civilización burguesa conlleva la desestructuración vital creciente que sólo puede encontrar un fugaz e ilusorio consuelo con el aumento de la drogadicción, alimentando una espiral suicida que hunde a millones de seres humanos en la desgracia real y en la irreal felicidad. Los estados y otras instituciones capitalistas como el FMI, OMC, BM, G-7... no son neutrales en esta tragedia sino piezas imprescindibles. Si los pueblos que disponen de su propio Estado son como corchos en el océano de la alienación, qué no decir de los que padecemos opresión nacional y carecemos de independencia estatal. Se nos niegan, entre otros muchos, los instrumentos mínimos e imprescindibles para luchar contra esta lacra destructora: uno, desarrollar una política socioeconómica, cultural y sanitaria no mercantilizada y que aumente el tiempo propio y libre, creativo; dos, desarrollar una educación democrá- tica y crítica especialmente en la juventud; tres, desarrollar un poder popular que acabe con el derecho burgués al secreto del beneficio, y cuatro, desarrollar relaciones internacionales solidarias y de ayuda mutua.
Sexta: Del mismo modo en que las mujeres son sometidas a drogadicción específica de género, adecuada a su explotación sexo económica, y de la misma forma que la clase trabajadora padece su propia drogadicción, la juventud sufre la suya. El consumismo y su terror simbólico son lo suficientemente diversos y variados como para expandir estas y otras drogadicciones específicas destinadas a sujetos colectivos e individuales concretos. La muy estrecha relación entre consumismo, alienación y los cuatros sistemas expuestos en la tesis tercera, se nuclea alrededor de la ley del beneficio y del poder burgués. La industria político mediática, «prensa», juega un papel crucial en la tergiversación y manipulación del problema, reduciéndolo a simple cuestión de control social, criminalidad y represión. Así, la ruina moral o destrucción física de miles de jóvenes muchos de ellos posibles futuros militantes revolucionarios desaparece en cuanto estrategia de dominación y exterminio y queda reducida a simple «desgracia individual». Las naciones oprimidas estamos dramáticamente indefensas ante esta realidad.
Séptima: La juventud es un objetivo prioritario en la estrategia del poder. Desde las religiones, hasta las mafias ilegales con sus relaciones invisibles con el Estado, pasando por los sistemas legales de drogadicción, el contexto familiar, educacional, laboral y de eso que llaman «ocio», está en función de imponer diversos niveles de drogadicción, dependiendo de los casos concretos la evolución y gravedad del problema. La juventud no puede esperar del sistema adulto burgués ninguna solución efectiva y duradera a su malvivencia real, y debe autoorganizarse en todos los frentes para luchar contra la drogadicción desde una perspectiva global, de autocontrol y autoconstrucción que supere el peligro de caer en los extremos de o bien el fanatismo austero y asceta, o bien el pasotismo autodestructivo y suicida. El enraizamiento con su pueblo, una vida consciente, una pertenencia a colectivos que luchan contra la alienación... estas y otras prácticas son el mejor medio para evitar ambos extremos. En una nación oprimida, en Euskal Herria, la emancipación nacional es parte de la emancipación de las drogas.
Octava: El control consciente del uso de drogas es inseparable del autocontrol radical personal, es decir, de la praxis revolucionaria. *